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Sé paciente y aférrate a Dios


¿Has subido alguna vez a una montaña rusa? Esas atracciones se parecen mucho a la vida cristiana: ¡están llenas de subidas y de aceleración!


En cualquier atracción hay primeramente un momento de espera. Como Moisés (que tuvo que esperar cuarenta años guardando las ovejas en el desierto antes de volver a Egipto para cumplir su llamado), no sabemos en muchas ocasiones cuánto durará nuestra espera. Sin embargo, de lo que podemos estar seguros es de que Dios nos está preparando, paso a paso, para entrar en la apasionante vida que ha preparado para nosotros.


Tras un rato, llega el tiempo de subida. Las dificultades están ahí, y la gravedad trata de tirar de nosotros hacia abajo. Pero Dios nos lleva hacia arriba, hacia nuestro llamado. Él nos lo prometió: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).


Llega entonces el momento de suspensión. Justo antes de ser propulsados por Dios, estamos en el punto más alto, cerca de Él, esperando lo que va a ocurrir.


¡Y, por fin, llega el momento de la aceleración divina! Es ahí cuando Dios escoge “soltarnos” en el mundo para cumplir con nuestro llamado: el de avanzar y bendecir a los demás.


Para vivir esta "aceleración divina", la primera clave es, pues, ser paciente y aferrarse a Dios, hasta que Él nos envíe.


Hoy, querido(a) amigo(a), ¿por qué no haces esta corta oración conmigo en relación a tu futuro? “Señor, confío en Ti. No importa la etapa por la cual estoy pasando, sé que Tu gracia me acompaña y me equipa para el llamado que me has confiado. Puedo seguir avanzando en la emocionante vida que tienes preparada para mí. ¡Amén!”


¡Que pases un buen día en la Presencia de Dios!

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