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Ordena tus prioridades


Si hicieses una lista de aquellas tareas o actividades que ocupan la mayor parte del tiempo en tu día a día, ¿qué tipo de cosas crees que aparecerían en lo más alto de la lista? ¿Estarías satisfecho con el resultado, o tratarías de desplazar o incluso suprimir algunas de esas actividades?


Quizá te sorprenderías al decir algo como: “Me gustaría pasar más tiempo con mi familia, pero estoy saturado(a) de trabajo. Me gustaría leer más, pero debo confesar que paso mucho tiempo en las redes sociales o viendo series en TV…”


El pastor Craig Groeschel lo dice así: “Si vives constantemente frustrado(a), es muy probable que estés invirtiendo demasiado tiempo en hacer cosas que no son realmente importantes para ti, y que estés dedicando menos tiempo del necesario en ocuparte de aquellas que sí son clave, en tus prioridades”.


Piensa en esto: pase lo que pase, al final de cada día, invertimos todo el tiempo haciendo cosas, las 24 horas. La pregunta es: ¿en qué las hemos invertido?

“Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21).


Si el tiempo es nuestro tesoro, entonces deberíamos invertirlo en aquellas cosas que son importantes para nosotros, en nuestras prioridades.


En primer lugar, tenemos que priorizar nuestra relación con Dios, cuando ponemos tiempo aparte para estar con Dios, estamos haciendo de Él nuestra prioridad y como consecuencia de ello nuestro amor por Él crece y se desarrolla. La familia también debe ser una de nuestras prioridades, deberíamos invertir una buena cantidad de nuestro tiempo en ella, ya que, al hacerlo, crecemos en nuestra relación con ellos.


El primer paso, por tanto, consiste en analizar cómo utilizamos el tiempo en nuestro día a día, y contestar a la pregunta: ¿cuáles son realmente mis prioridades?


Una vez las has identificado, sabrás mejor cómo organizar tu tiempo alrededor de ellas. De hecho, tú mismo te darás cuenta de que, cuanto más tiempo y atención inviertes, más crece tu pasión hacia ellas.


Jesús solía tomar mucho tiempo aparte para orar y estar con Dios. De igual manera, a pesar de su sobrecargada agenda, era capaz de echarse la siesta, ¡aun en medio de la tormenta! Tener una relación constante con el Padre y reposar eran dos prioridades, dos actividades esenciales para su ministerio.


Querido(a) amigo(a), te animo a que le pidas hoy al Señor que te ayude a discernir claramente cuáles son tus prioridades, y que te ayude a organizarte para dedicar el tiempo necesario para cada una de ellas.

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