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Morir para servir: Una parábola


Juan 12.23-26


23 Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.

24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.

25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.

26 Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.


Imagínese dos granos de trigo tirados en el piso de un granero cálido y acogedor. Un día, el agricultor entra y les dice: “Quiero sacarlos de este cómodo granero y plantarlos en la tierra. Voy a ponerlos en el suelo frío y a cubrirlos de tierra. Estará oscuro, y morirán. Pero les prometo que se multiplicarán y serán muy fructíferos”.


El primer grano de trigo rechaza la sugerencia. “¡De ninguna manera!” —dice. “No cuentes conmigo. Me gusta mi comodidad y no quiero morir”. Pero el segundo, después de considerar el dolor y la incomodidad de morir, decide que por la promesa de una cosecha futura vale la pena el sacrificio. Entonces, el agricultor lo saca y lo planta en la tierra, y deja que el primer grano de trigo siga estando dentro del granero.


Pocos días después, un pequeño brote verde comienza a aparecer en el lugar donde sembró la semilla. Luego crece y se convierte en un alto tallo de trigo que produce cien granos más. Durante los siguientes cuarenta años, el agricultor siembra todas las semillas que se originaron a partir de ese primer grano de trigo, y año tras año la cosecha se multiplica. Mientras tanto, el grano de trigo que se quedó en el granero, sigue allí muy cómodo, solo, sin crecer ni multiplicarse.


¿Qué grano de trigo es usted? ¿Está jugando a lo seguro, o ha dejado que Cristo le plante en el mundo? La única manera en que será útil y fructífero en el reino de Dios, es permaneciendo en Él y confiando en que sus deseos para su vida valen la pena.

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