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Llamados a edificarnos unos a otros



Colosenses 3.12-17


12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;

13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.

14 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.

15 Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.

16 La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.

17 Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.


Su crecimiento espiritual no se reduce solo a su crecimiento personal, sino que afecta a toda su iglesia. Piense en esto: ¿Cómo sería su iglesia si todos en ella estuvieran tan hambrientos de la Palabra de Dios como usted? No estoy diciendo que todos debamos ser gigantes espirituales, sino que todos debemos crecer y aumentar en nuestro conocimiento y amor por Cristo, así como en nuestro amor como congregación.


Una de nuestras responsabilidades como miembros del Cuerpo de Cristo es edificarnos unos a otros en la fe. A veces pensamos que es solo el papel de los líderes de la iglesia, y asumimos que el resto de nosotros podemos cruzarnos de brazos y despreocuparnos. Pero el pasaje de hoy dice con toda claridad que “la palabra de Cristo more en abundancia” en nosotros para que podamos enseñarnos y amonestarnos unos a otros con sabiduría (Col 3.16).


A menudo se expresan opiniones y se dan consejos sin pensarlo mucho, pero como creyentes estamos llamados a dar consejos sabios basados en la Palabra de Dios. No hay otra fuente que sea tan sana, porque solo la Biblia es la verdad absoluta. Edificar a otros puede ser tan sencillo como señalar un pasaje que hable del asunto que estén enfrentando, o podría implicar amonestar o advertir en contra de una acción o actitud que la Biblia condena.


Para algunas personas, este tipo de cuidado puede parecer indeseable o impertinente, pero en realidad es un acto de obediencia al Señor. Demuestra nuestro amor por los demás y nuestro deseo de verlos convertirse en las personas que el Señor tuvo en mente al crearlos. Y cuando somos los receptores de tal cuidado, nuestra humildad y deseo de aprender aumentan.

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