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La vida de obediencia


Josué 6.1-20


1Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía.

Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra.

Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días.

Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas.

Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante.

Llamando, pues, Josué hijo de Nun a los sacerdotes, les dijo: Llevad el arca del pacto, y siete sacerdotes lleven bocinas de cuerno de carnero delante del arca de Jehová.

Y dijo al pueblo: Pasad, y rodead la ciudad; y los que están armados pasarán delante del arca de Jehová.

Y así que Josué hubo hablado al pueblo, los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, pasaron delante del arca de Jehová, y tocaron las bocinas; y el arca del pacto de Jehová los seguía.

Y los hombres armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y la retaguardia iba tras el arca, mientras las bocinas sonaban continuamente.

10 Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no gritaréis, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga: Gritad; entonces gritaréis.

11 Así que él hizo que el arca de Jehová diera una vuelta alrededor de la ciudad, y volvieron luego al campamento, y allí pasaron la noche.

12 Y Josué se levantó de mañana, y los sacerdotes tomaron el arca de Jehová.

13 Y los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, fueron delante del arca de Jehová, andando siempre y tocando las bocinas; y los hombres armados iban delante de ellos, y la retaguardia iba tras el arca de Jehová, mientras las bocinas tocaban continuamente.

14 Así dieron otra vuelta a la ciudad el segundo día, y volvieron al campamento; y de esta manera hicieron durante seis días.

15 Al séptimo día se levantaron al despuntar el alba, y dieron vuelta a la ciudad de la misma manera siete veces; solamente este día dieron vuelta alrededor de ella siete veces.

16 Y cuando los sacerdotes tocaron las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad.

17 Y será la ciudad anatema a Jehová, con todas las cosas que están en ella; solamente Rahab la ramera vivirá, con todos los que estén en casa con ella, por cuanto escondió a los mensajeros que enviamos.

18 Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis.

19 Mas toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, sean consagrados a Jehová, y entren en el tesoro de Jehová.

20 Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron


Si creció asistiendo a la escuela dominical, conoce la historia de Josué y Jericó. Pero debemos cuidarnos de archivar esta historia en nuestras mentes como solo algo asombroso que el Señor hizo hace mucho tiempo. El mismo Dios sigue guiándonos hoy, y al estudiar este relato llegamos a entender cómo vivir en obediencia.


Josué escuchó la orden de Dios: “Marcharéis alrededor de la ciudad” (Jos 6.3). Para que podamos obedecer, también tenemos que escuchar lo que el Señor nos diga que hagamos. Esto significa que debemos leer y meditar en su Palabra, confesarle nuestros pecados, orar y pasar tiempo con Él.


Josué obedeció, diciendo al pueblo: “¡Adelante! ¡Marchen alrededor de la ciudad!” (Jos 6.7 NVI). Josué hizo lo que se le había ordenado, a pesar de tres posibles obstáculos:


1. Podría haber cuestionado la orden de Dios. Después de todo, marchar alrededor de la ciudad no parecía una estrategia práctica de batalla para apoderarse de una ciudad fortificada.


2. Podría haberse sentido presionado para encontrar una explicación que dar a sus hombres, con el propósito de obtener su aprobación y acuerdo.


3. Podría haber dejado que el temor al fracaso le impidiera obedecer.


Pero Josué no hizo ninguna de estas cosas. Al escuchar la voz de Dios, siguió las instrucciones al pie de la letra, sin vacilar. Y como resultado, Dios honró su obediencia: “La muralla se vino abajo... y tomaron la ciudad” (Jos 6.20).


¿Está usted dispuesto a hacer lo que Dios le diga, a pesar de sus dudas? Josué confió porque el Señor había prometido entregar Jericó en sus manos. Y las promesas de Dios son la razón por la que podemos confiar y obedecerle.

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