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La traición de un amigo


Salmo 41


Bienaventurado el que piensa en el pobre; En el día malo lo librará Jehová.

Jehová lo guardará, y le dará vida; Será bienaventurado en la tierra, Y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos.

Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; Mullirás toda su cama en su enfermedad.

Yo dije: Jehová, ten misericordia de mí; Sana mi alma, porque contra ti he pecado.

Mis enemigos dicen mal de mí, preguntando: ¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre?

Y si vienen a verme, hablan mentira; Su corazón recoge para sí iniquidad, Y al salir fuera la divulgan.

Reunidos murmuran contra mí todos los que me aborrecen; Contra mí piensan mal, diciendo de mí:

Cosa pestilencial se ha apoderado de él; Y el que cayó en cama no volverá a levantarse.

Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, Alzó contra mí el calcañar.

10 Mas tú, Jehová, ten misericordia de mí, y hazme levantar, Y les daré el pago.

11 En esto conoceré que te he agradado, Que mi enemigo no se huelgue de mí.

12 En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado, Y me has hecho estar delante de ti para siempre.

13 Bendito sea Jehová, el Dios de Israel, Por los siglos de los siglos. Amén y Amén.


La traición es una de las experiencias más dolorosas de la vida. Aunque los extraños puedan rechazarnos, burlarse o ridiculizarnos, solo a quienes amamos o en quienes confiamos pueden traicionarnos, y eso es lo que hace tan dolorosa la traición. Esto es justo lo que sentía David cuando escribió el Salmo 41. Sus enemigos hablaron falsedad contra él, pero lo que es peor aún, un amigo se volvió contra él (Sal 41.9).


Cuando los amigos chismean de nosotros, haciendo insinuaciones de que hemos actuado mal, o diciendo mentiras, ¿qué podemos hacer? Una buena reputación es muy difícil de recuperar después de haber sido arruinada. Y es devastador si un amigo tras otro cree el chisme y se aleja de nosotros.


Algo que debemos tener en mente es que nuestros amigos y familiares son imperfectos y pecadores; por consiguiente, son propensos a cometer errores, creer mentiras y lastimarse unos a otros. Y para ser sinceros, tenemos que reconocer que lo mismo sucede con nosotros. Sin embargo, esto no niega el dolor que sentimos o el daño que se nos ha hecho.


Entonces, ¿cómo podemos manejar el rechazo y la traición de una manera piadosa? En primer lugar, no debemos negar el dolor, ni dejar que domine y arruine nuestra vida con ansiedad, amargura, ira o deseo de venganza. Segundo, podemos llevar el asunto a Dios y pedirle que nos proteja, nos sostenga y nos sane (Sal 41.2-4).


Aunque no sepamos por qué permitió el Señor la traición, experimentarla nos enseña a buscar la aprobación de Él en vez de la de los hombres. La vindicación puede no venir en esta vida, pero será revelada en la eternidad, cuando la alabanza de cada cual será dada por Dios.

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