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La senda de la paciencia


1 Samuel 24.3-7; 26.8-11


3 Y cuando llegó a un redil de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró Saúl en ella para cubrir sus pies; y David y sus hombres estaban sentados en los rincones de la cueva.

4 Entonces los hombres de David le dijeron: He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te pareciere. Y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl.

5 Después de esto se turbó el corazón de David, porque había cortado la orilla del manto de Saúl.

6 Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová.

7 Así reprimió David a sus hombres con palabras, y no les permitió que se levantasen contra Saúl. Y Saúl, saliendo de la cueva, siguió su camino.

8 Entonces dijo Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la lanza, y lo enclavaré en la tierra de un golpe, y no le daré segundo golpe.

9 Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?

10 Dijo además David: Vive Jehová, que si Jehová no lo hiriere, o su día llegue para que muera, o descendiendo en batalla perezca,

11 guárdeme Jehová de extender mi mano contra el ungido de Jehová. Pero toma ahora la lanza que está a su cabecera, y la vasija de agua, y vámonos.


¿Desea lo mejor de Dios para su vida? Por desgracia, muchas personas pierden las bendiciones porque no están dispuestas a esperar a que se cumpla el tiempo del Señor. Las Sagradas Escrituras nos animan a ser pacientes.


David fue un buen ejemplo de esta virtud cuando rechazó el uso de la violencia para tomar el trono que sabía que al final sería suyo. El rey Saúl, que se había mostrado envidioso de las aptitudes, la unción y la popularidad del pastor de ovejas, planeó asesinar al joven. Dos veces durante este tiempo de persecución, Saúl estuvo al alcance de David, y este pudo haber matado a su perseguidor. Pero en ambos casos, David eligió esperar el tiempo de Dios. No estuvo dispuesto a tomar el asunto en sus propias manos, aunque terminar con la vida de Saúl habría sido un gran alivio.


Pero David fue paciente. Note los atributos que le permitieron esperar el tiempo del Señor. Primero, tenía una fe firme y creía que Dios le daría la victoria en el momento indicado y de la mejor manera. Segundo, tenía los valores correctos: matar a un rey violaría su conciencia. Tercero, el discernimiento lo ayudó a darse cuenta de que el homicidio significaría salirse de la voluntad de Dios. Cuarto, la fortaleza jugó un papel en la decisión. ¡Qué difícil debe haber sido resistirse a tomar medidas que resultarían en su libertad y en la obtención del trono!


La paciencia se refina en los tiempos difíciles, cuando uno se siente frustrado por la espera y tentado a actuar fuera de la voluntad de Dios. Busque siempre la sabiduría divina, y siga las instrucciones que reciba. Recuerde que “los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas” (Is 40.31).

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