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La responsabilidad de los creyentes


Lucas 3:22 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

22 y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.


Como vimos ayer, las palabras son solo una parte de nuestra comunicación. Veamos ahora dos tipos de mensajes que debemos modelar para nuestros hijos.


Primero, los hijos necesitan la certeza de que son amados y aceptados, lo mismo que el Padre celestial le dice a su Hijo en el pasaje de hoy. Debemos darles a nuestros hijos una sensación de seguridad y pertenencia para que no traten de encontrar aceptación en los lugares equivocados; pues la manera en que los cuidamos y suplimos sus necesidades, los ayudará a entender el amor del Padre celestial.


Segundo, los niños aprenden la devoción a Dios cuando la ven ejemplificada. Leer la Biblia en voz alta y compartir historias de lo que el Señor ha hecho en nuestra vida son importantes, pero nuestras acciones cotidianas también lo son. Lo que hacemos debe coincidir con lo que decimos. Por ejemplo, no podemos esperar que nuestros hijos entiendan la regla de oro si actuamos con egoísmo, arrogancia o insensibilidad.


Ser ejemplo de consagración a menudo requiere el estudio de las Sagradas Escrituras, e incluso servir como familia en un viaje misionero. También puede ser tan sencillo como ayudar a un vecino. Pero tenga en cuenta que las acciones y las palabras no siempre se perciben de manera correcta. Compruebe si sus hijos comprenden el mensaje que trata de comunicar.


Sus palabras y acciones enseñan lecciones. Los hijos necesitan saber que son apreciados; por tanto, haga el esfuerzo de darles las herramientas que necesitan para seguir a Cristo. Recuerde que Dios no espera perfección, solo que nos dejemos guiar por su gracia con un corazón dispuesto.

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