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La preparación más importante



Salmo 78.1-8

1Escucha, pueblo mío, mi ley; Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca.

Abriré mi boca en proverbios; Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos,

Las cuales hemos oído y entendido; Que nuestros padres nos las contaron.

No las encubriremos a sus hijos, Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, Y su potencia, y las maravillas que hizo.

El estableció testimonio en Jacob, Y puso ley en Israel, La cual mandó a nuestros padres Que la notificasen a sus hijos;

Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos,

A fin de que pongan en Dios su confianza, Y no se olviden de las obras de Dios; Que guarden sus mandamientos,

Y no sean como sus padres, Generación contumaz y rebelde; Generación que no dispuso su corazón, Ni fue fiel para con Dios su espíritu.


Cuando escucha la palabra preparación, ¿qué viene a su mente? ¿Piensa en tener un seguro de vida, estudiar para un examen o quizás empacar todo lo necesario antes de un viaje? Si tiene sentido prepararse para todo eso, piense cuánto más importante debe ser preparar el corazón para el Señor (Sal 78.8).


El salmo de hoy es una repetición de la historia de Israel, y una advertencia a las generaciones posteriores para que no sigan los caminos infieles de esa nación. A pesar de todo lo que el Señor había hecho por ellos, el pueblo había subestimado el auxilio divino, y olvidado las grandes obras que Dios había realizado por ellos. Vivían para sí mismos, y no prepararon sus corazones para ser fieles al Señor.


Reconocemos sin dificultad que mucho de lo que hacemos en la vida requiere preparación. Pero, ¿enfocamos nuestra vida espiritual con la misma previsión, o tendemos a adoptar un enfoque más casual? Por ejemplo, ¿hace usted planes para pasar tiempo cada día con el Señor en oración y su Palabra, o tiende a buscarlo solo cuando está enfrentando un problema?


Es dudoso que conozcamos muy bien a Dios o que lleguemos a ser la persona que quiere que seamos, a menos que nos esforcemos por cultivar nuestra relación con Él. En estos preciosos momentos de oración y reflexión, tenemos la oportunidad de detenernos con tranquilidad en la Palabra mientras nos enfocamos en una relación estrecha con nuestro Padre celestial. Estas son ocasiones para fortalecer nuestra fe, crecer en amor por Cristo y sentar una base sólida en la Palabra; las cuales nos preparan para enfrentar cualquier problema que surja en el camino.

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