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La perspectiva correcta


Filipenses 1.19-26

19 Porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación,

20 conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte.

21 Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.

22 Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger.

23 Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor;

24 pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.

25 Y confiado en esto, sé que quedaré, que aún permaneceré con todos vosotros, para vuestro provecho y gozo de la fe,

26 para que abunde vuestra gloria de mí en Cristo Jesús por mi presencia otra vez entre vosotros.


La manera en que percibimos nuestra situación tiene, con frecuencia, un impacto mayor en nuestra vida que la situación misma. Usted quizás haya visto esto en quienes profesan conocer a Cristo. Un cristiano pasa por tratamientos médicos debilitantes con tal confianza en Dios, que el contentamiento y el gozo eclipsan el sufrimiento, mientras que otro creyente se vuelve ansioso y resentido.


El escenario para el pasaje de hoy es el encarcelamiento del apóstol Pablo. Aunque no había cometido ningún delito, se encontraba encerrado injustamente. Pero a pesar de eso, sabía que no tenía nada que perder. Si César decidía ejecutarlo, iría a estar con Cristo, y esa era una opción mucho mejor a los ojos de Pablo. Si, por otro lado, Dios le permitía vivir, entonces podría continuar un ministerio fructífero para el reino. Su conclusión fue: “Para mí, el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1.21).


Cuando somos salvos por la sangre de Cristo, la afirmación de Pablo también es verdadera para nosotros. Nuestra vida está muy ligada a nuestro Salvador, y nada puede separarnos de Él, ni siquiera la muerte.


La palabra circunstancia viene de dos raíces latinas que significan “alrededor” y “estar de pie”. Por consiguiente, nuestras circunstancias son las cosas que nos rodean, pero Cristo es la persona que mora dentro de nosotros. De manera que Él se enfrenta a todo lo que se nos presenta. Nuestras situaciones difíciles y dolorosas son una invitación a dejar que Cristo brille a través de nosotros. Cuando Él es nuestra vida, no tenemos nada que perder. Así que, fijemos nuestros ojos en Dios mientras nos guía a través de lo que nos depare el futuro.

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