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La fecundidad de la meditación


Salmo 1


1Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;

Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.

Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.

No así los malos, Que son como el tamo que arrebata el viento.

Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, Ni los pecadores en la congregación de los justos.

Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.


¿Se deleita en la Biblia? Esa es una pregunta desafiante porque la respuesta la revelan nuestras acciones. Deleitarse es disfrutar mucho de algo o de alguien, y pasar tiempo en esa actividad o relación. Los cristianos deseamos deleitarnos en Dios y en su Palabra, pero nuestras agendas indican todo lo contrario.


El tiempo que pasamos a solas con el Señor en su Palabra y en oración es vital para nuestra vida espiritual. Si lo descuidamos, los deleites del mundo llenarán nuestra mente y se apoderarán de nuestro corazón, ahogando el deseo de Dios. Entonces, en vez de que el tiempo con Él sea una prioridad, se convertirá en una idea de último momento. Al principio esto puede no parecer un gran problema, pero llegará el momento en que nos marchitaremos espiritualmente y no daremos fruto.


La meditación es un medio por el cual nos ponemos a disposición para ser instruidos por el Señor a través de la Biblia. Requiere tiempo, obediencia y fidelidad, todo lo cual es difícil. Pero si queremos crecer en Cristo, debemos llegar a ser como un árbol enraizado con firmeza en el río de la Palabra de Dios. Ahí es donde nos nutrimos y refrescamos, y es lo que se requiere para tener una vida espiritualmente fructífera.


Con el tiempo, aprenderemos a encontrar paz en la presencia de Dios, incluso en situaciones tormentosas, y a medida que lleguemos a conocer al Señor, nuestro amor por Él aumentará. Muchas personas desearían amar más a Dios, y el tiempo a solas con Él en su Palabra es la clave. Además, a medida que nuestro amor por Dios aumente, tanto Él como su Palabra se convertirán en nuestro deleite.

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