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Firmes en la fe


Colosenses 2:1-8


1 Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro;

2 para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,

3 en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.

4 Y esto lo digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas.

5 Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo.

6 Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él;

7 arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias.

8 Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.


¿Recuerda usted cómo era cuando recibió la salvación? Quizás no sabía mucho acerca de la Biblia, pero sí que su vida había cambiado para siempre. Su culpa se había ido, y el cielo era ahora su destino eterno. La novedad de la salvación lo impulsó a querer decir a todos los dispuestos a escuchar lo que había sucedido en su vida.


Pero, con el tiempo, tendemos a descuidar nuestra vida espiritual; nos involucramos en la iglesia, pero comenzamos a menospreciar nuestra salvación. Aunque amamos y servimos a Cristo de manera fiel, podemos estar más interesados en lo que dice la Biblia acerca de cómo debemos vivir, que en las doctrinas que constituyen el fundamento de nuestra fe.


En Colosenses, el apóstol Pablo enfatiza la importancia de la estabilidad en nuestra fe —una estabilidad que resulta de “la rica experiencia de conocer a Cristo con genuina certidumbre y clara comprensión” (Colosenses 2.2 LBAD). Saber lo que dice la Biblia acerca de lo esencial de nuestra fe nos protege del engaño.


Cuando estamos enraizados, edificados y establecidos con firmeza en las enseñanzas bíblicas, reconocemos cuando los falsos maestros ofrecen mensajes que no se alinean con la Palabra de Dios. Si no sabemos lo que creemos y por qué tenemos estas convicciones, podemos convertirnos en víctimas de las sectas que se especializan en tergiversar con sutileza la verdad para hacer que su mensaje parezca creíble.


¿Sabe cómo defender su fe? ¿Sabe lo que enseña la Biblia en cuanto a Jesucristo, la salvación y lo esencial del cristianismo? Conocer la verdad acerca de esto le protege del engaño, y le permite también comunicar con conocimiento de causa el mensaje de salvación a los demás.

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