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Fe probada





1 Pedro 1.3-9


Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,

para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,

que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas,

para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,

a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso;

obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.


La fe es un elemento esencial de la vida espiritual, porque es el medio por el cual somos salvos. Sin embargo, eso es solo el comienzo. De allí en adelante, nuestra fe —o la falta de ella— moldea nuestras vidas y determina lo que nos sucede cuando soplan los vientos de la adversidad. Algunos cristianos aprenden a mantenerse en pie incluso en los huracanes fuertes, pero otros son derribados por la ráfaga más leve. Para entender la razón, debemos examinar la fuente de nuestra fe.


Fe heredada. Si usted creció en un hogar cristiano, es probable que haya adoptado algunas de las creencias de sus padres. Esta clase de fundamento espiritual es un maravilloso regalo del Señor; sin embargo, cada persona debe asumir la responsabilidad por sus propias creencias tarde o temprano.


La fe de los libros. La Biblia es la guía absoluta para afirmar nuestras creencias. Pero no es la única fuente de influencia. Los libros, pastores, maestros y amigos impactan nuestras convicciones. Nuestra teología puede ser sólida, pero la fe es solo aceptación intelectual hasta que se pone a prueba.


Fe probada. Solo cuando confiamos en el Señor a través de las llamas de la adversidad, tendremos una fe indestructible. Entonces, ya no se basa más en lo que otros nos han dicho o en lo que hemos aceptado como verdadero, sino en nuestra experiencia personal de la fidelidad del Señor.


Para evaluar su fe, considere cómo reacciona a las dificultades. ¿Se aferra al Señor o se enoja con Él? ¿Su actitud es de acción de gracias por estarle moldeando a imagen de su Hijo, o es de frustración? Nadie puede escapar de la adversidad, pero aquellos con una fe probada se beneficiarán de ella.

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