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El sistema de seguridad del creyente



2 Pedro 2.1-3, 18-22

Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.

Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado,

y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.

18 Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error.

19 Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció.

20 Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.

21 Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado.

22 Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.



Los peligros espirituales están por todas partes,  pero Dios ha dado a los creyentes un “sistema de seguridad espiritual”. También ha provisto pastores consagrados para proteger al rebaño de los depredadores espirituales.


Estos depredadores son falsos maestros que explotan la ignorancia de los creyentes inmaduros. Además van en busca de personas con sentimientos de culpabilidad y usan remedios falsos para tratar de calmar sus conciencias.


Los fieles que no confiesan ni abandonan el pecado como indica la Palabra, son susceptibles a tales engaños. También están en riesgo aquellos que conocen a Cristo y las prácticas religiosas, pero que no son salvos de verdad; pueden, incluso, ser miembros bautizados de la iglesia, pero a menos que tengan el Espíritu Santo, no podrán discernir la verdad o vivir en santidad.


Por fortuna, Dios ha proporcionado una manera para que los creyentes eviten estos peligrosos baches espirituales. En primer lugar, debemos saturar nuestra mente todo el tiempo con la Palabra de Dios. Al hacerlo, desarrollaremos un filtro mental que nos alertará cuando algo falso se cruce en nuestro camino. De esta manera, nos arraigamos y fundamentamos en la verdad.


Los cristianos también tenemos el Espíritu Santo que mora en nosotros, que nos da entendimiento de la Palabra de Dios, nos dirige y nos permite distinguir la verdad del error. Él educa nuestra conciencia para recibir advertencias oportunas cuando vayamos por el camino equivocado.


El Señor ha dado todo lo que necesitamos para evitar el engaño, pero nuestro sistema de seguridad espiritual nos protegerá solo si está bien sintonizado con la Palabra de Dios, y es obediente a su Espíritu.

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