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El desarrollo de una fe vivificante


Hechos 9.1-6


1 Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote,

y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.

Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo;

y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.

El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.


El apóstol Pablo tenía el firme compromiso de conocer y servir a Jesucristo. Su pasión y su amor por el Señor eran obvios: el Señor siempre fue el centro de su pensamiento, ya sea que estuviera trabajando como fabricante de tiendas de campaña, predicando a la multitud o incluso estando en la cárcel. ¿Qué alimentaba su amor por el Salvador?


La experiencia de conversión de Pablo en el camino a Damasco fue una fuerza motivadora en su vida. Agradecido por el regalo de la gracia que había recibido en la salvación, el apóstol le contaba a otros de su encuentro con el Cristo resucitado y de la manera en que lo transformó. Nosotros, también, tenemos una historia que contar de la misericordia de Dios, tanto al salvarnos como al darnos una vida nueva en Él.


El celo del apóstol Pablo también se debía a su firme convicción de que el mensaje del evangelio era verdadero y estaba disponible para todos (Jn 3.16). En la cruz, Cristo tomó todos nuestros pecados: pasados, presentes y futuros sobre sí (1 P 2.24). Sufrió nuestro castigo para que pudiéramos ser perdonados y tener una relación personal con Dios. A través de la fe en Cristo, hemos nacido de nuevo, y el Espíritu Santo que vive en nosotros nos ayuda cada día (Jn 14.26). Cuanto más entendamos lo que el Señor logró, mayor será nuestra pasión por compartir el evangelio.


Desarrollar una fe vivificante requiere tiempo y energía, además del compromiso de obedecer al Señor. El estudio regular de la Biblia fortalecerá su fe y le dará la valentía para hablar. Preocuparse por el bienestar espiritual de los demás le motivará a tomar acción.

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