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El andar cristiano



Efesios 4.1, 2

1  Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados,

con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,


Después de poner nuestra fe en Cristo, debemos comenzar a andar en una nueva dirección con un propósito real. El apóstol Pablo presenta un contraste dramático entre lo que una vez fuimos, y lo que debemos ser después de creer. (Véase Efesios 4.15-24). Antes, puede que no nos sintiéramos tan mal por el pecado, pero ahora que somos uno con Cristo, nuestra mente está siendo renovada y nuestra conducta debe agradar a Dios.


Como hijos de Dios, también debemos andar de tal manera que dejemos una huella y una influencia dondequiera que vayamos. Cuando comprendemos quiénes somos en Cristo y nos comprometemos a caminar en santidad, comenzamos a reflejar al Señor Jesús a los demás. El gozo que tenemos en Él se convierte en una expresión de su presencia en nuestra vida, y evidencia de nuestra relación con Él.


Entonces, piense en todas las personas con las que se cruza cada día. Podría reflejar a Cristo a algunos que han estado ciegos a la verdad de Dios. Además, su unidad con el Señor y con otros creyentes, también le hacen de gran valor y aliento para el cuerpo de Cristo. No tiene idea de cuántas vidas Dios podría tocar por medio de usted.


Soy alguien que cree en el valor de los sermones, pero el pueblo de Dios debe hacer más que sentarse y escuchar. Nuestra vida debe cambiar para que todos los que nos conozcan encuentren a Cristo en nosotros. Nuestra vida vieja —la que vivíamos antes de conocer al Señor— estaba centrada en nosotros; nuestra vida nueva está centrada en Cristo. ¿Es eso cada vez más evidente en usted?

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