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Dios está obrando en ti


Efesios 3:14-21 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

14 Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo,

15 de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra,

16 para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu;

17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,

18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,

19 y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.

20 Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros,

21 a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.


Tenemos el privilegio de servir a un Dios que hace mucho más de lo que podemos imaginar. La mayoría de los cristianos pasan su vida diaria sin tener conciencia real de lo que el Señor hace. No obstante, está activo todo el tiempo, dirigiendo las circunstancias, escuchando las oraciones de sus hijos y trabajando a través de sus seguidores para que sirvan a otros. Dios trabaja en la vida de cada creyente para recibir gloria y honra.


Es importante que los cristianos aprendamos a ver a Dios en actividad. Para hacerlo, primero debemos observar cómo trabajó en la vida de hombres y mujeres en las Sagradas Escrituras. También es esencial que escuchemos lo que le dice a nuestro corazón. Si pensamos que el Señor nunca nos ha hablado, entonces, o no hemos estado escuchando, o de verdad no esperamos una respuesta en absoluto.


Para escuchar y aprender, debemos tener una relación correcta con el Señor; lo cual significa confesar nuestros pecados y decidir servirlo. No podemos ver a Dios en acción si no oramos. La oración centra nuestra atención en Él. Ese enfoque nos recuerda que somos amados lo suficiente como para recibir la dirección de nuestro Padre.


No obstante, el problema es, con frecuencia, que no recibimos orientación según nuestros planes. Nuestro Padre celestial puede trabajar durante largos períodos de tiempo, por lo que debemos aprender a practicar la paciencia. Un padre terrenal necesita al menos dieciocho años para enseñarle a un hijo cómo desenvolverse en el mundo. ¿Cuánto tiempo le tomará a Dios lograr su objetivo de conformarnos a la imagen de su Hijo?

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