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Dios está con nosotros


Juan 14:16-26 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:

17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

18 No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.

19 Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.

20 En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.

21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

22 Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?

23 Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.

24 El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.

25 Os he dicho estas cosas estando con vosotros.

26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.


Dios está siempre con nosotros, aunque a veces no podamos sentir su presencia. Puede haber situaciones en las que nos sentimos cerca de Él; mientras que en otras ocasiones, puede parecer distante y desligado de nuestra vida. Sin embargo, como creyentes, podemos estar seguros de que es nuestro compañero constante, estemos o no conscientes de su presencia. Esta verdad puede empoderar y transformar su vida.


Hay dos declaraciones en el pasaje de hoy que son el fundamento de nuestra confianza acerca de la presencia de Dios. El Señor Jesús dijo: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad” (Jn 14.16, 17). Después añadió: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Jn 14.23). ¡Qué realidad tan asombrosa: el Dios trino ha venido a vivir en quienes hemos recibido el perdón y la salvación de Cristo!


Con esta verdad anclada en nuestra mente y en nuestro corazón, podemos saber que sin importar lo que estemos pasando, incluso al perder a un ser querido, no estamos solos. Al estar en Cristo, tenemos su paz en medio de las tormentas, pues no hay nadie más poderoso o competente que el Dios Todopoderoso, que mora en nosotros y nos da su consuelo y fortaleza.


Debemos recordar la presencia de Dios, pues, tendemos a olvidarla. Pero cuanto más recordemos que Él está con nosotros, más podremos discernir su actividad y su consolación en nuestra vida. Oremos para mantener en el primer plano de nuestras mentes este aspecto del carácter de Dios.

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