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Cuando las reglas de Dios no tienen sentido


Todo el mundo odia una zona de 60 kilómetros por hora cuando puedes ir a 100 sin riesgo. La mayoría de los conductores en esa situación, si no ven ningún oficial, elegirán ir a la velocidad que consideren adecuada para el camino. Saben que 60 km. es la ley, pero como la ley parece absurda, la rompen. “Nadie saldrá herido”, piensan. Han emitido un juicio para una situación específica basado en datos razonables sin rechazar todas las reglas de la carretera, y no consideran que haya problema.

Después de todo, todos queremos estar de acuerdo antes de obedecer. Y antes de estar de acuerdo en algo hay que comprenderlo, es decir, aceptar la lógica.

En muchos casos, actuar de esta manera es razonable, incluso sabio. Pero en algunos casos, es la manera en que nos hacemos Dios.


¿Reglas sobre una fruta? ¿En serio?

Piensa en el pecado paradigmático en el jardín. Había una regla a obedecer: no comer la fruta de un árbol específico. Muchos se han preguntado, incluso se han burlado diciendo: “¿Por qué esta regla?”. No hay nada de malo en comer fruta; incluso los veganos lo hacen. Sin embargo, para obedecer esta regla, la persona tenía que decidir si escucharía la Palabra de Dios por encima de su propia opinión, lo que demuestra el genio de Dios al dar la regla. La regla en sí misma demuestra el verdadero enfoque de la obediencia justa: confiar en el carácter e intenciones de Dios.


Hubiera sido completamente razonable que Dios le diera a Adán una regla diferente: Adán, no mates a tu esposa y única amiga, Eva. Eva, no mates a Adán. Eso sería diferente a una regla sobre una fruta; intuitivamente sentimos la rectitud de un mandato así. El asesinato viola el derecho a vivir que tiene nuestro vecino; es horrible, y Adán o Eva solo acarrearían su propia soledad. La regla tiene mucho sentido para nosotros. De hecho, ni siquiera requiere que creamos en Dios en lo absoluto.


Pero con la fruta era diferente. “Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió” (Gn. 3:6). Eva miró el árbol cuando la serpiente le introdujo la duda sobre la bondad de Dios. Ella analizó los datos y concluyó que la regla era absurda. Sabía que era la ley, pero como la ley parecía absurda, y debido a que dudó del carácter de Dios, ella y su esposo la rompieron. Pensaron que estaban entrando a la iluminación y la libertad.

En cada época hay algunos aspectos de la ley de Dios que se ajustan cómodamente a una cultura, pero otros que parecen completamente erróneos. ¿Podemos confiar en Dios?

Estaban, por supuesto, trágicamente equivocados.

En cada época hay algunos aspectos de la ley de Dios que se ajustan cómodamente a una cultura, pero otros que parecen completamente erróneos. ¿Podemos confiar en Dios, invisible y misterioso, sobre lo que es fácil de ver? ¿Sobre lo que intuitivamente se siente bien? ¿Sobre lo que parece sin sentido?

¿Por qué querríamos hacerlo?


Mirar a Jesús lo cambia todo

Hay muchas respuestas posibles; la más convincente para mí es la bondad y la honradez de Dios en Jesucristo. Dios no tiene la obligación de salvarnos. He actuado traicioneramente en mi propia vida, y creo que Dios tendría razón al castigar mi arrogancia, mi odio, mi mentira. Pero en lugar de elegir la opción moralmente buena de condenarme justamente, Dios eligió enviar a su Hijo a morir en mi lugar. Y Jesús mismo eligió venir.

Puedo confiar en una persona que ha demostrado para siempre que tiene mis mejores deseos en su corazón.

Nunca podremos saber la conmoción que le causó al Hijo eterno de Dios haber dejado la alegría y el compañerismo perfecto. De buena gana eligió una vida de pobreza, en un país ocupado políticamente, con un padre terrenal que probablemente murió joven. Los amigos de Jesús lo malinterpretaron constantemente, y aquellos que deberían haberlo reconocido tramaron contra Él. Él era un itinerante sin hogar. Luego se sometió a la humillación y el dolor crudo de una juicio falso y la crucifixión. Él nunca tuvo que hacer nada de eso, pero lo eligió por nuestro bien. Jesús se hizo pobre para hacernos ricos. Él sufrió y murió por nosotros, en nuestro lugar.


Puedo confiar en una persona así. Ha demostrado para siempre que tiene mis mejores deseos en su corazón, que me ama tanto que pagó un escandaloso costo personal. Fuera de una relación con esta persona, no puedo arriesgarme a confiar en lo que vaya en contra de mis instintos culturales. Pero a medida que lo conozco más y más, su poder, su inteligencia, su bondad, su amor… puedo confiar. Puedo obedecer. Incluso antes de que lo entienda; incluso si nunca lo entiendo del todo.


Fuente: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/cuando-las-reglas-dios-no-tienen-sentido/

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