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Creados para servir a Dios


1 Tesalonicenses 1.1-10


1 Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones,

acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo.

Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección;

pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros.

Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo,

de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído.

Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada;

porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero,

10 y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.


Una de las características de nuestra naturaleza caída es el rechazo de aquello que es mejor. Esto comenzó en el huerto del Edén, cuando Satanás tentó a Eva para que se rebelara contra Dios, y ejerciera su derecho de determinar su propio camino. Desde entonces, hemos estado siguiendo nuestros deseos basados en el interés propio. Es comprensible que esta sea la mentalidad del mundo; pero, por desgracia, es también la actitud de muchos cristianos que asisten a la iglesia, que consideran el servir como un abuso de su tiempo.


Tal razonamiento egocéntrico se basa en tres conceptos erróneos:


1. No entendemos quién es Dios. Él es el divino Creador del universo y el Gobernante soberano de todo lo que hay en el cielo y en la Tierra. Él nos redimió del pecado con la sangre preciosa de su Hijo; en otras palabras, nos compró de la esclavitud del pecado. De esa manera, nos convertimos en sus siervos, que le servimos por amor y gratitud.


2. No entendemos por qué estamos aquí. Fuimos creados para adorar y servir a Dios. Este es nuestro destino y la manera como lo glorificamos.


3. No entendemos el gran propósito del Señor en el mundo. Él está edificando su reino, y hemos sido comisionados para participar en este proceso, ministrándonos unos a otros y proclamando el evangelio tanto cerca como lejos.


Dios quiso que nuestro servicio a Él fuera un privilegio, una oportunidad gratificante y una vía de bendición. Decir que no tenemos tiempo para servirle es rechazar lo que ha ordenado y decretado como mejor. Pero la verdad es que lo que perdemos al no servirle es mucho más grande que cualquier cosa que podríamos ganar si siguiéramos de manera egoísta nuestro camino.

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