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Convicción de pecado vs. Condenación


Romanos 8:1-2 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.


Nuestro Padre celestial desea que caminemos de cerca con Él. Para ayudarnos, el Espíritu Santo nos guía en el camino correcto y nos redirige cuando vamos en la dirección equivocada. En otras palabras, nos convence cuando estamos en peligro de extraviarnos.


La convicción es la mano amorosa de Dios que nos trae de regreso al camino que lleva a la vida. Para comprender mejor el concepto, imagínese a un padre cuyo hijo pequeño comienza a perseguir una pelota en una calle muy transitada. El joven solo tiene un deseo en ese momento: recuperar el juguete. El padre, sin embargo, sería negligente si no detuviera al niño.

Nosotros, como el niño pequeño en este ejemplo, vemos nuestra vida desde una perspectiva limitada. Si nuestro Padre celestial nos impide alcanzar un deseo, debemos recordar que lo hace por el amor que nos tiene.


La convicción comienza incluso antes de la salvación. El Espíritu Santo revela nuestros errores para ayudarnos a reconocer que necesitamos el perdón. Cuando aceptamos el sacrificio que hizo Jesucristo por nosotros y decidimos seguirlo, nacemos de nuevo. Solo entonces somos libres del castigo del pecado. Al mismo tiempo, seguimos siendo humanos y tomaremos decisiones equivocadas. Por tanto, aun después de que somos sus hijos, Dios continúa redirigiéndonos.


Convicción de pecado es diferente a condenación. Recordemos que “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él” (Jn 3.17). Entonces, aunque los creyentes a veces pecarán, son perdonados por el sacrificio de Cristo, y libres de condenación (Ro 8.1).

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