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Compasión por los perdidos



Mateo 9.36-38



36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.

37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.

38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.


A lo largo de los Evangelios, leemos que el Señor usó en repetidas ocasiones la frase “tuvo compasión” (Mt 9.36). Estas palabras describen lo que Cristo experimentó cada vez que se encontraba con personas indefensas: las aliviaba del sufrimiento.


El sufrimiento del hombre se debe a su alejamiento del Señor a causa del pecado. Aunque mucha gente no se dé cuenta, son enemigos de Dios y no pueden hacer nada para ponerse a bien con Él. Sin embargo, Cristo sintió compasión por nosotros y descendió para salvarnos; de lo contrario, todos estaríamos condenados al castigo eterno de la separación de la presencia de Dios.


No obstante, muchas veces no demostramos esa misma compasión por los perdidos a nuestro alrededor. Al igual que los fariseos, podemos evitar a las personas porque su conducta es pecaminosa, pero Dios desea que les demostremos bondad en vez de retirarnos al aislamiento religioso.


El Señor se imaginó a la multitud de personas perdidas como ovejas sin pastor y un campo maduro para la cosecha. Lo único que se necesita es que el Señor envíe obreros a su mies, y eso es justo lo que hizo cuando dijo: “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Jn 20.21).


Hay muchas maneras de demostrar la compasión de Cristo a aquellos que sufren física, económica o emocionalmente, y debemos hacer lo que podamos para ayudar. Sin embargo, el sufrimiento temporal es pequeño comparado con lo que le espera al incrédulo por la eternidad. Por eso, lo más compasivo que podemos hacer es ayudar a que la gente tome conciencia de su impotencia delante de Dios, y anunciarles el evangelio de la salvación en Jesucristo.

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