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Cómo fortalecer la fe




Mateo 17.14-20


14 Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se arrodilló delante de él, diciendo:

15 Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.

16 Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar.

17 Respondiendo Jesús, dijo: !!Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá.

18 Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora.

19 Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?

20 Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.


¿Cómo sabe usted si su fe es fuerte o débil? Nos damos cuenta de que, como creyentes, se supone que deberíamos confiar a Dios cada aspecto de la vida, pero las circunstancias pueden hacer que vacilemos. Este no es un problema nuevo —cinco veces en el libro de Mateo, Cristo señaló ejemplos y síntomas de lo que llamó “poca fe”.


La ansiedad. En el Sermón del monte, Cristo se dirigió a gente que estaba preocupada por sus necesidades básicas (Mt 6.25-34). Les aseguró la provisión divina si el reino de Dios era su prioridad.


El temor. Cuando se levantó una tormenta, los discípulos tuvieron miedo, aunque el Creador del viento y el mar estaba con ellos (Mt 8.23-27).

El enfoque. Mientras el apóstol Pedro mantuvo su mirada en Jesucristo, tuvo fe para caminar sobre el agua. Pero cuando se enfocó en sus circunstancias, empezó a hundirse (Mt 14.24-33).


El olvido. A pesar de alimentar a miles de personas, los discípulos no recordaron la provisión de Cristo en el pasado (Mt 16.5-12).


La incompetencia. Aunque Cristo había dado a sus discípulos autoridad para expulsar demonios, se sentían carentes del poder divino (Mt 17.14-20).


En cada caso, la actitud mental equivocada resultó en falta de confianza en Cristo. La poca fe comienza, no con las circunstancias, sino con nuestra manera de pensar y nuestro enfoque. Por consiguiente, si queremos confiar más en Dios, debemos llenar nuestra mente de la verdad bíblica, recordar la fidelidad de nuestro Padre para con nosotros en el pasado, y buscar su mano obrando en nuestra situación presente. Cuando nuestra mente sea renovada, nuestra fe también lo será.

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