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Cómo dar y recibir exhortación


1 Tesalonicenses 5.12-15


12 Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan;

13 y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros.

14 También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.

15 Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos.


La mayoría de nosotros estamos mucho más dispuestos a recibir instrucción de nuestros pastores que de otros miembros de la congregación. Sin embargo, el pasaje de hoy nos da algunos consejos acerca del funcionamiento de una iglesia.


Antes que nada, se nos dice que apreciemos y estimulemos a nuestros líderes. Nuestros pastores son quienes nos alimentan con la Palabra de Dios y cuidan de nuestra salud y crecimiento espiritual.


Pero ese pasaje describe también las responsabilidades que tenemos de amonestar, animar y ayudarnos unos a otros en la iglesia. No somos solo espectadores, pues se nos pide que nos ayudemos a crecer en la fe. Por lo tanto, consideremos algunas maneras de hacerlo:


Ver la presencia de Dios en medio de las dificultades. Cuando nos unimos a nuestros hermanos en la fe, podemos ayudarlos a desviar su enfoque de sus circunstancias y comenzar a ver sus pruebas como oportunidades para ser moldeados, para crecer y para descubrir lo que el Señor desee.


Involucrarse personalmente. La mejor manera de recibir exhortación es a través de encuentros cara a cara que permitan que la otra persona vea nuestra atención y preocupación. Además, al observar las reacciones, el discernimiento nos ayuda a entender los problemas y a percibir qué principios bíblicos aplicar.


Estar dispuestos a aprender. Al ayudar a otros a madurar, también debemos estar dispuestos a hacer cambios en nuestra vida, porque no podemos transmitir sabiduría a otros a menos que la persigamos nosotros mismos.


Puesto que nos han sido confiadas tales responsabilidades, debemos basarnos en la verdad de la Palabra para guiar a otros con sabiduría.

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