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¡Aprende de nuevo a escuchar!


Proseguimos nuestra serie sobre la rutina matutina, y sobre los hábitos que podemos  desarrollar para un buen crecimiento espiritual.


¿Cuál es la primera notificación que recibes por la mañana? ¿Proviene de la dulce voz del Espíritu de Dios?  ¿O de tu teléfono móvil, que suena tras haber recibido un SMS, un Whatsapp, un email del trabajo…?


Hace algún tiempo hice (Eric Celerier; el escrito de este devocional) un sondeo entre los lectores de “Un Milagro Cada Día”, y entre las muchas respuestas que obtuvimos, hubo una que retuvo particularmente mi atención: “Mi mayor frustración es que no consigo ser disciplinado en pasar tiempo con Dios. ¡Me encuentro tibio, me dejo siempre robar el primer amor por Jesús!”


A todos nos puede pasar esto: es fácil dejarse llevar por la ola de actividades cotidianas, por las cincuenta mil cosas que tenemos que hacer, antes incluso de habernos tomado un tiempo para estar con el Señor. Eso, a la larga, puede dar lugar a esta “pérdida del primer amor” a la cual ese lector hacía referencia.


En cualquier relación, para que crezca, es necesario ocuparse de ella, “cultivar la tierra”. Hay que tener cuidado de ella cada día, darle prioridad. De ahí la importancia de prestar atención primero al Señor, antes que a ninguna otra “notificación”.


Como decía Isaías: “Jehová el Señor […] mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios” (Isaías 50:4)


Cada mañana, Él espera pasar un momento contigo. Es ese instante privilegiado con Su pequeño(a): ¡Tú!


Por tanto, el segundo hábito podría ser: “Consagra los 10 primeros minutos de tu día a Dios”.


Día tras día, crecerás en tu relación con Dios, y los 10 minutos empezarán a convertirse en 15, en 30… Más vale poco que nada, y si empiezas con lo poco, el Espíritu Santo empezará a darte más y más fuerzas para perseverar y empezar a crecer, poco a poco. Como dice el versículo que te invito a meditar hoy: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26)

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