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Apartarse de la autoridad de Dios


1 Samuel 15.1-23


Dios quiere lo mejor para nosotros.  Sus planes están destinados a darnos plenitud de vida. No obstante, Él no nos creó para ser unos robots, programados para seguirle ciegamente. No, el Señor nos concede la opción de obedecerlo. Nuestra naturaleza humana tiende a elegir un camino egocéntrico que se aparta de la autoridad de Dios. Pero al hacerlo nos perdemos lo mejor que tiene para nosotros.


Piense en la vida de Saúl. Dios escogió a este hombre para que fuera rey, y le dio pautas para que las siguiera. Aunque Saúl conocía las instrucciones del Señor, decidió hacer las cosas a su manera. A veces, su pecado fue deliberado, como su intento de asesinar a David por celos. Pero en otras ocasiones, su rebelión parecía menos clara. Por ejemplo, a pesar de la orden de Dios de “destruir por completo” a los amalecitas y a sus animales, Saúl no lo hizo con lo mejor de la manada, con la justificación de que tenía la intención de “sacrificarlos [al Señor]” (1 S 15.3, 21).


La decisión de desobedecer le costó a Saúl el trono y lo llevó a la destrucción. Eligió el camino que creía que era el mejor, pero como sabemos ahora, el resultado no valió la pena. Podemos aprender de sus errores. La obediencia parcial es, en realidad, desobediencia. Y cualquier desobediencia cae en la categoría de rebelión, lo cual es pecado.


Aunque nuestras circunstancias son diferentes a las de Saúl, enfrentamos los mismos tipos de opciones a diario. Somos igual de vulnerables a la atracción de la tentación. Pero si elegimos vivir como Dios dice, el Espíritu Santo nos ayudará a obedecer su guía y a escuchar su voz para que encontremos plenitud de vida.

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